Guadalajara, Jaisco— Fue un torneo de altibajos para las Chivas, con un inicio prometedor, con un liderato general que duró una semana, y con un cierre de torneo que dejó algunas dudas, pero luego de entrar a la Liguilla, las cosas cambiaron para el Rebaño.
El cuadro de Matías Almeyda clasificó a la Liguilla en tercer lugar general, producto de una marca de 7 victorias, 6 empates y tres derrotas.

En los cuartos de final se midieron al Atlas en el Clásico Tapatío, dando cuenta del cuadro rojinegro gracias a la posición en la tabla, pues el marcador terminó empatado 1-1 en el global.

En semifinales se encontraron al Toluca, a quien también eliminaron gracias a la ventaja que le daba el reglamento al Rebaño, producto de un 2-2 en el global.

Pero las Chivas centraron sus esperanzas de título en un estilo de juego definido, mismo que Almeyda trató de inculcar desde que llegó al Rebaño en el 2015 y que le valió antes para ganar dos títulos de Copa MX y disputar dos Liguillas previamente, las cuales perdieron ante el América en cuartos de final.

El camino no fue sencillo, pues más allá de la racha no tan positiva en cuanto a resultados en el cierre del torneo, Chivas tuvo que lidiar con las lesiones, sus soldados fueron cayendo poco a poco, como Carlos Cisneros que no pudo jugar en todo el torneo, o Isaac Brizuela quien sufrió una fractura de tibia, o Ángel Zaldívar, Jair Pereira y hasta Carlos Salcido en la misma Liguilla.

Luego de casi 11 años de estar esperando una final y levantar un título, como sucedió en el Apertura 2006, al Guadalajara por fin se le hizo festejar, y qué mejor que ante su gente, en un estadio que en 7 años de vida fue testigo de la estrella número 12 cuando Carlos Salcido como capitán levantó el trofeo que los acreditó como campeones del Clausura 2017.